"cubiculo 27"






Me agache sin reparar en lo atrasado que estaba, Atarse los zapatos para mi es una ciencia, “zapatos firmes y bien abrochados solo dan pasos firmes y confiados”, esa era mi frase favorita, la que disfrazaba mi débil carácter y le daba una careta nueva y sigilosa, pero no infinita, ni tampoco menos vulnerable que a la de cualquier otro que se digne a ponerse una mascara para obtener sus objetivos con nombre de “supervivencia “.
Mis urbanas utopías se rebajaban a tener el saldo suficiente para pagar el arriendo cada maldito 29 .mis baratos trajes” made in multitienda”se ajustaban perfectamente a mi perfil de mister desapercibido. La oficina en la que trabajaba se caracterizaba por ser exactamente igual a cualquier oficina: paneles, cubre pisos,plantas mal cuidadas, toneles de agua en donde siempre nadaban Inmundicias dándole el toque de pecera multiuso, el serpenteo ocasional de los fluorescentes rompía la monotia maquinal de este edificio de eternos lunes. Fotocopias, manuscritos, timbres y papeleras, tinta barata y clips de hojalata, murmullos y trajineos que no me decían absolutamente nada. Con terror vi. Que la ambición que me invitaba a caminar sobre precipicios se esfumo junto al perfume de ambiente barato que dejaba el aire acondicionado predestinado para secar no solo nuestras gargantas, sino nuestra mejor época desperdiciándola en planillas Excel y corbatas mal anudadas.



La tarde paso lenta pero precisa, el dolor de cabeza se hizo permanente, llegando al punto exacto de acostumbramiento, el bolígrafo se calentó de tanta peripecia entre mis nudillos. Sin saber siquiera que sus movimientos eran un dinamo cómplice y silencioso del plan que estaba presto a volverse en carroña fácil para esos buitres de papel periódico. La resignación le sirvió como morfina a cualquier arrebato de mi conciencia que ya esta altura había sido enterrada antes que esa humanidad tensa que se encontraba impávida en el cubiculo 27.



Opte por subir a pie las escaleras, no sin antes reparar en las ultimas caras que adornaban el hall de entrada, caras desconocidas pero sinceras, ya que nunca disimularon un esfuerzo inconsciente en ignorar a este ser que nunca habia llegado tan lejos, hasta ahora…

7 comentarios:

Silvana dijo...

Que excelente manera de relatar lo cotidiano.... escribes genial.

Saludos!!! muchos muchos

ALCON dijo...

Hola!

Excelente post.

Un abrazo.

Andrée-Liz dijo...

Y?

Qué hizo?

Terminaste ahí?

Malditooooooooo!! jajaja

(--b l a c k r a b b i t--) dijo...

ohhhh maldito es una palabra muy fuerte.jajaja.quisiera decir que este es una serie de cuentos que escribi en la media en un cuaderno que creia perdido,y ahora muy de vez en cuando me dedicare a respaldarlos virtualmente, no vaya a ser cosa que se me pierda el cuadernito.

ANDREE-LIZ dijo...

Ojalá que no...

;)

(--b l a c k r a b b i t--) dijo...

andree-liz:ojala que no que,que se me pierda el cuaderno o que respalde virtualmente mis cuentos jajaja.

TICTAC dijo...

Me gustan tus relatos y como los enfocas...que bueno que recuperastes el cuaderno..dinos donde lo guardas asi' te lo recordamos nosotros si se te olvida...jajajajaja!!!

un abrazo!